7/3/2026
He empezado a partir leña por la mañana
He empezado a partir leña por las mañanas
Últimamente, me pongo a cortar leña sobre las 5:30 de la mañana.
Si la leña que estoy cortando ahora se seca sin problemas, tengo pensado usarla en la estufa de leña a partir de diciembre de este año, como muy pronto.
La leña es de roble y cerezo.
La roble procede de árboles talados para el mantenimiento de la montaña. Al parecer, no basta con dejar la montaña tal como está sin talar árboles, sino que es importante talar adecuadamente los árboles viejos para crear un entorno en el que crezcan árboles nuevos. De este modo, se mantiene firme el terreno de la montaña y crece un bosque sano.
Por su parte, la madera de cerezo procede de árboles que se rompieron a causa de las fuertes nevadas de este año. El cerezo, que en primavera florecía con tanta belleza, ahora, en invierno, nos calienta a nosotros y a nuestros clientes como leña para la estufa. Es un momento en el que se percibe el ciclo de la naturaleza.
Hasta el año pasado, partíamos la leña por las tardes, al terminar la jornada laboral. Pero por estas fechas hay muchos insectos al atardecer y, antes de que te des cuenta, acabas enzarzado en una batalla contra los mosquitos (risas).
Por eso, este año hemos decidido hacerlo por la mañana.
Por la mañana, el aire es fresco y se está muy bien. Ver cómo sale lentamente el sol y hacer ejercicio mientras se escucha el canto de los pájaros es una forma estupenda de empezar el día.
Una vez terminada la tarea de partir leña, pasamos a apilarla en el leñero.
No basta con apilarlas sin más, sino que hay que hacerlo de forma que no se desmoronen y que tengan todas más o menos la misma altura, lo cual requiere más ingenio del que parece. Al comparar los leños, que tienen formas y tamaños diferentes, y pensar «¿este leño va aquí?» o «¿quedará mejor aquí?», me siento como si estuviera jugando al Tetris.
Antes solía jugar mucho al Tetris en la Game Boy.
Mientras apilaba la leña, de repente me vino a la mente ese recuerdo tan nostálgico.
Partir leña no es, ni mucho menos, una tarea fácil, pero quizá el motivo por el que, curiosamente, no me canso de hacerlo sea precisamente porque hay pequeños placeres como este.
Los huéspedes que se alojan con nosotros suelen decirnos: «La estufa de leña nos ha encantado».
Esa calidez no es algo que se pueda preparar de repente cuando empieza a hacer frío. Desde los calurosos días de verano, poco a poco, cortamos leña, la apilamos y la secamos para prepararnos para el invierno. Todo ese trabajo se traduce en momentos agradables durante el invierno.
Este invierno también, con la ilusión de poder recibir a nuestros huéspedes con el calor de esta leña, pienso seguir cortando leña por las mañanas durante un tiempo.

